jueves, 7 de febrero de 2013

LUCHA CONTRA LA CORRUPCIÓN POLITICA, ¿ELECCIÓN O IMPOSICIÓN?.

Numerosos  dirigentes políticos y otros miembros de las elites de poder de la sociedad española, por ejemplo Iñaki Urdangarin,   están siendo llamados por la justicia a sentarse en el banquillo de los acusados, por ser vulgares cacos.

Por tanto, que razón tenía W. Shakespeare cuando decía “Sabemos lo que somos pero ignoramos lo que podemos ser”. Muchos de aquellos que ayer disfrutaban de todo tipo de honores en la sociedad española, honores que algunos  se resisten a perder,  hoy son considerados ladrones, si, ladrones. Ladrones elegantes, de guante blanco, de corbata, pero ladrones. Tipejos  que sin  estar afectados por  ninguna circunstancia de necesidad, se apropian de dinero que no es suyo, únicamente motivados  por su principal valor, o mejor dicho contravalor, la avaricia.
En un reciente artículo  publicado en el periódico  El País, titulado  “Ningún hombre es una isla”, Joaquín Estefanía hace una serie de reflexiones muy interesantes y acertadas sobre la corrupción. En dicho artículo da a entender que a nivel internacional y especialmente a nivel europeo ya se habla de lo que podríamos llamar los pigs de la corrupción, que curiosamente son los mismos pigs que comparten una serie de datos económicos negativos (deuda pública, déficit presupuestario, déficit de la balanza de pagos, paro, endeudamiento, diferentes burbujas). Dicha reflexión me parece muy interesante porque según mi  opinión  el debate sobre la corrupción  se ha intensificado en este momento en España, no porque los dirigentes políticos consideren la corrupción un problema, sino debido a las presiones internacionales, UE, FMI, etc,  instituciones  que exigen una mayor y más eficaz  lucha contra la corrupción en España.

Según la organización Transparencia Internacional el pueblo español considera los partidos políticos como las instituciones más corruptas del país. Sin lugar a dudas la  corrupción de los dirigentes políticos españoles es la explicación y causa de muchos e importantes problemas que padece la sociedad española. Cosas como la falta de igualdad de oportunidades, el fracaso del sistema educativo, la deuda de la sanidad pública, el denominado déficit eléctrico, la enorme deuda de defensa,  los abusos judiciales y policiales, las violaciones a los derechos humanos que sufren muchos ciudadanos españoles, etc., etc., etc.,  tienen de una u otra forma, en mayor o menor medida, como  causa común  la elevada  corrupción que existe en las elites que dirigen y gobiernan España.
Según Transparencia Internacional la mejor forma de luchar contra la lacra que supone la corrupción política es mediante una ley de transparencia, siendo España la única gran economía de Europa que no la tiene. Y resalta que los dirigentes políticos españoles se resisten a que dicha ley afecte a los partidos políticos, sobre cuyas cuentas existe una total opacidad. ¿Por qué esa oposición de los políticos españoles a que la ley de transparencia afecte a sus organizaciones? Lógicamente la razón no puede ser otra que la de facilitar que los partidos políticos puedan seguir recibiendo dinero de forma irregular y, o ilegal.

Creo que cuando se habla de financiación irregular  de partidos políticos es necesario distinguir entre  dos  aspectos: ¿Con que dinero? y ¿para qué?
¿Con que dinero? Pues no es lo mismo que el dinero provenga de donaciones de militantes y simpatizantes ricos, o  a que este provenga de cosas como cobro ilegal de comisiones, de pagos de favores concedidos por aquellos que gobiernan, o del blanqueo de dinero proveniente del crimen organizado. De igual forma también es muy importante el para qué, pues no es los mismo que la organización política, de forma colectiva, gaste el dinero en cosas como campañas de propaganda, algo entendible, y posiblemente   aceptable por la opinión pública,  a que la organización lo  utilice para el enriquecimiento personal de algunos de  sus miembros, dinero que además no declaran a la Hacienda Pública.

Cuando se habla de  corrupción política muchos de aquellos que son dirigentes políticos insisten en que no se debe generalizar, pues dicen que el porcentaje  de los que están afectados por  casos de corrupción es muy pequeño. Y en parte tienen razón, y digo solo en parte por dos razones. Primera, muchas veces de las actividades corruptas se beneficia toda la organización. Segunda,  cuando uno se apoya en el poder de una organización política o de otro tipo para lograr objetivos personales, como puede ser el de ocupar un cargo público de designación democrática, se debe responsabilizar no solo del presente, sino también del pasado de la organización. No sirve con  decir yo acabo de llegar, no sé lo que paso antes. Yo acabo de llegar, esta organización tiene el poder que tiene, lo cojo, lo utilizo, me apoyo en él, pero no me responsabilizo de la forma como lo ha obtenido. Por eso creo que la única forma de erradicar la corrupción de la vida política española es mediante leyes que además de castigar al político corrupto impongan algún tipo de sanción también a la organización política  a la que este pertenece, algo, además, justo, pues sin el apoyo de dicha organización, sin los medios de dicha organización, el dirigente político no hubiera podido ocupar el cargo público que le ha permitido cometer delitos de corrupción.
El silencio que ayer existía con la corrupción hoy sigue existiendo con las flagrantes  violaciones a los derechos humanos que sufren muchos ciudadanos españoles. Ciudadanos que son objeto de cosas como  tortura, abusos médicos, prácticas de medicina punitiva,  persecución policial y judicial, detención ilegal, privados del derecho a trabajar, etc., etc., etc., debido a acciones que se ordenan desde los poderes e instituciones del Estado. Por consiguiente, lo que me interesa en este momento y me preocupa es cuánto tiempo tardara en romperse el silencio sobre las violaciones a los derechos humanos que se comenten en España y este tema pase a ser uno de los principales del debate político, periodístico y social.

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