jueves, 16 de enero de 2014

SOLO QUIEREN GUERRA ¿DEBEMOS DARSELA?

España es un país en el que se cometen graves, continuas y flagrantes violaciones de los derechos humanos. En España se ejerce represión policial y judicial por motivos ideológicos, y no contra miembros de la Casa Real, no contra los Duques de Palma, sino contra humildes ciudadanos a los que no se les  puede acusar de haber cometido ningún delito, ordenándose con tal fin detenciones ilegales. España es un país en el que sectores de las elites gobernantes contando con la complicidad y apoyo de las instituciones del Estado  utilizan la medicina en combinación con modernos adelantos tecnológicos, no para curar sino para torturar. Echando sal en la herida, es decir, aprovechan que una persona está herida para introducirle en el organismo entes extraños, muchos de ellos indetectables a los rayos x, para luego, cuando consideren conveniente poder utilizarlos  para dañarle el organismo y torturarle causándole dolor. Sin lugar a duda, por tanto, sectores de las elites gobernantes españolas se pueden considerar, sin temor a equivocarnos, herederos del Nazismo.

El actual Gobierno de España, apoyado e identificado con ese sector que se puede considerar heredero del Nazismo, está adoptando políticas (recortes y reformas) y ordenando abusos que representan una clara declaración de guerra a los sectores menos pudientes y más vulnerables de la sociedad española. En este contexto de represión, de injusticia, y de violaciones de los derechos humanos, que el presidente de la Comisión Europea, Durao Barroso, venga a España a recoger el Premio Europeo Carlo V, escenifica lo que es la actual Unión Europea.
La actual UE europea es una completa falacia. Un territorio en el que se permiten las violaciones de los derechos humanos, la injusticia, la represión, las prácticas de medicina punitiva, etc., siempre y cuando aquellos que las ordenan cuenten en Bruselas con mayoría.

Si repasamos un poco la figura de Carlos V, uno se da cuenta rápido que para un demócrata recoger un premio con dicho nombre representa un insulto a su inteligencia y principios. No creo que muchos ciudadanos de la UE se sientan identificados con la Europa de Carlos V, época en la que se heredaban los países como el que hereda una finca, ocurriendo que grande era su reino pero muy pequeño allí donde realmente el Rey gobernaba. Pero el presidente de la CE, Durao Barroso, ha considerado que le entreguen dicho premio un honor, ignorando el contexto en el que se le entregaba y el perfil del personaje a que hace referencia dicho premio. Seguramente él se sintió identificado con el príncipe Felipe, y no es para menos, ambos han contribuido durante años con sus decisiones  al hundimiento de aquello que gestionaban.

La crisis que sufre la Unión Europea es debida a decisiones que se han tomado en su seno, siendo responsable de muchas de ellas la Comisión Europea. La actual UE no es en estos momentos la solución sino la causa de numerosos problemas que sufren los ciudadanos de los diferentes Estados miembros. Si se cumplen las encuestas, las próximas elecciones al Parlamento Europeo reflejaran en numerosos países un completo rechazo a la actual UE, absteniéndose un porcentaje representativo de ciudadanos o votando a partidos euroescépticos. Una UE en la que no solo se incrementan las desigualdades sociales, el paro y la conflictividad social, sino que además desde sus instituciones se toleran las violaciónes de los derechos humanos y se apoya  a los gobiernos que las ordenan, no puede tener futuro. Lo que califico Tony Judt como una gran ilusión ya es en este momento una gran decepción. La UE no tiene identidad en estos momentos. Un claro ejemplo lo tenemos en sus relaciones con Moscú. El actual Gobierno ruso bloquea las iniciativas de  la UE, anulando su política exterior en temas importantes, pero el Parlamento Europeo va a dar voz a un guardia de seguridad, Edward Snowden, protegido por el actual Gobierno ruso, para que cuente que sabe del espionaje americano. La UE no sabe ni  quienes son sus aliados ni a qué nivel deben jugar sus instituciones, instituciones como el Parlamento Europeo.
El príncipe Felipe seguramente  se siente también identificado con el presidente Barroso. Seguramente, ante la baja popularidad con que cuenta en estos momentos la Casa Real, solo se le ocurra decir lo mismo que a Barroso, “yo no he sido”. Pero los ciudadanos españoles no son tontos. Para muchos ciudadanos españoles que en España haya una República o una Monarquía le es indiferente, pero no son tontos, saben que desde la Casa Real se ordenan muchos abusos y se toman decisiones que afectan de forma negativa a sus vidas. Si hoy los ciudadanos españoles pudieran pronunciarse a través de unas elecciones, claras,  sobre la continuidad o no  de la Monarquía de los Borbones, saldría no, la Casa Real no celebraría sus bodas de oro. Pero el Príncipe a igual que Barroso seguramente piensa que ello no es debido a decisiones que se han tomado desde la Casa Real. Decisiones que están conduciendo a sumergir España en un completo caos institucional y social.

En el libro “La Paradoja de la Globalización”, Dani Rodrik, no considera ni posible ni deseable una gobernanza global, pero ya reconoce la existencia de comunidades políticas transnacionales, es decir grupos formados por elites gobernantes de diferentes países, que al estilo de Carlos V, se apoyan para defender sus intereses. Es decir, con un ejemplo, yo te apoyo para ser presidente de la Comisión Europea, y luego tú vienes a España y dices que aquí no hay violaciones de los derechos humanos y cosas parecidas. Vínculos transnacionales  entre elites gobernantes están provocando el deterioro y el descredito de la democracia.

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