martes, 18 de marzo de 2014

NATO PARALIZADA ANTE LA NUEVA FORMA DEL COMUNISMO: EURASIANISMO.

Vivimos en un mundo en continua evolución, en continuo cambio, por tanto, la historia, el pasado, no debe  nunca condicionar las decisiones presentes. Pero no por ello la historia tiene menos importancia, su conocimiento nos permite, entre otras cosas, saber si una determinada situación, un determinado hecho, es algo insólito, impredecible, nuevo e innovador en lo social, en lo político, en las relaciones internacionales, o por el contrario algo que tiene precedentes similares en el pasado, permitiéndonos así entender mejor el presente, lo que esta ocurriendo, un determinado hecho.

El asunto de Crimea, tanto en lo que se refiere a la actuación de Rusia como a la posición adoptada por las principales potencias occidentales y su imagen militar la NATO, no es algo nuevo, tiene numerosos precedentes en la historia. No es algo nuevo que se recurra a la fuerza militar para imponer una determinada política internacional. No es nuevo que un país actué militarmente en otro utilizando mercenarios. No es tampoco nuevo que un país se haga con el control de otro llevando al poder a lideres políticos afines que controla. Tampoco es algo nuevo la pasividad de Occidente, de la NATO. Recordemos, o mejor dicho, debemos de recordar la política de apaciguamiento, liderada por el primer ministro de Reino Unido, Neville Chamberlain. La cual en  1938 dio lugar a los acuerdos de Múnich, pacto por el que las principales potencias Europeas, para contentar a Hitler,  cedieron un trozo de Checoslovaquia, cuya población era mayoritariamente alemana, los Sudetes, a Alemania, sin tener en cuenta la posición del principal actor  afectado, el Gobierno de Checoslovaquia, país que no fue invitado  a participar en dicho  pacto. Es decir, no hay nada nuevo, solo cambia la tecnología, las decisiones políticas y por tanto  la historia, se repite.
La historia se repite, 25 años después de la caída del Muro de Berlín, el comunismo soviético vuelve a resurgir, recurriendo a los mismos métodos y tácticas que en el pasado, recurriendo a la fuerza militar para intentar condicionar la política internacional. Con la disolución de la Unión Soviética sus líderes comunistas y sus redes de influencia  cambiaron de hábito, se camuflaron, se convirtieron en ricos  oligarcas, en burgueses, se infiltraron en otras fuerzas políticas, liberales, conservadores, socialdemócratas, los menos siguieron defendiendo sus siglas comunistas, pero todos siguen siendo partidarios de utilizar la violencia como el camino para hacerse con el poder político. Muchos de ellos y sus agentes de propaganda  hoy se dan a conocer dando un apoyo total al desafío y la amenaza que supone para Occidente la  actuación de Rusia en Crimea. El Comunismo resurge, con sus antiguas tácticas y métodos, con la violencia como método para alcanzar el poder político, y lo hace según parece adoptando el nombre de Eurasianismo.

El ex presidente de Rusia, Mijaíl Gorbachov,  acaba de declarar que los habitantes de Crimea tienen derecho a corregir el error que supuso en el pasado que la Unión Soviética entregara Crimea a Ucrania. Y tiene razón. La sociedad de Crimea tiene derecho a pedir volver a unirse a Rusia. El problema no está en el “que” si no en el “como”. Es indiscutible que el actual Gobierno de  Rusia, aprovechándose de la incompetencia, pasividad y alineamiento de algunos líderes occidentales, ha utilizado el asunto de Crimea para hacer una demostración de poder contra Occidente, contra la NATO.
Para entender lo que está ocurriendo con el asunto de Crimea desde una  perspectiva occidental voy a recurrir a dos ideas de dos investigadores sociales de prestigio de nuestra época.

Jeremy Rifkin, en su libro  “La era del acceso” dice: Los Estados-nación comienzan a doblegarse bajo la presión de un nuevo orden social y económico basado en amplias redes de intereses comunes que soslayan las fronteras nacionales y eclipsan la geografía.

Naomi Klein en el 2008, cuando se produjo la caída de Lehman Brothers y el rescate de AIG, declaro: …veo una tendencia hacia una mezcla muy inquietante de gran poder empresarial y gran poder del Estado que colaboran en defensa de los intereses de las elites.
Dos ideas, en mi opinión acertadas, que explican la tibia reacción que por el momento se ha producido en Occidente frente al resurgir de la antigua amenaza del Este. Que la UE haya adoptado medidas contra personas y sus intereses para frenar la actuación amenazante y desafiante del Gobierno de la Federación Rusa no se puede calificar más que de ingenuo y ridículo, y es una muestra evidente de que volvemos a vivir un periodo caracterizado por una equivocada política de apaciguamiento.

Interconexiones e interdependencias entre las elites que  esta no solo provocando la decadencia de Occidente, de varios de los países desarrollados, sino que también, poniendo en riesgo la seguridad interior de los países miembros de la NATO y la paz internacional. Dichas interconexiones entre las elites ha favorecido y permitido que la NATO fuera invadida por  serpientes políticas que solo perseguían su debilitamiento y  destrucción. La denominada Asociación para la Paz, el denominado Dialogo por el Mediterráneo, así como la propuesta de que la NATO se convirtiera  en una organización militar dirigida por la ONU no tenía otro fin que su debilitamiento y destrucción. Dichas serpientes políticas utilizaron los militares de la NATO como mercenarios en Libia para defender los intereses de la Liga Árabe. Dichas serpientes políticas tienen anulada la NATO impidiendo que dé una respuesta disuasoria y proporcional, al desafío y la amenaza que representa la actuación del actual Gobierno de la Federación Rusa en relación con Crimea. La influencia que ejercen dichas serpientes políticas dentro de la NATO la paralizan y anulan su operatividad, hasta el punto de que la NATO ya no es ni capaz de proteger la frontera exterior. El poder de la NATO ya solo es utilizado para que sus militares actúen como mercenarios, como en el caso de  Libia, o para cometer abusos, violaciones a los derechos humanos,  contra ciudadanos pertenecientes a los Estados miembros.  

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