martes, 15 de abril de 2014

LA CRISIS DE UCRANIA DA A CONOCER UNA NATO SIN LINEAS ROJAS.

La crisis de  Ucrania se complica. Los sectores sociales denominados prorrusos, que como quien dice, hasta ayer gobernaban Ucrania, después de anexionar Crimea a la Federación Rusa, ahora están desestabilizando  otras regiones del este del pais y haciéndose con su control mediante el apoyo de grupos armados dirigidos por el Gobierno de la Federación Rusa. Regiones tan importantes como Donetsk, principal zona industrial del país y cuya perdida sería muy dañina para la  economía de Ucrania, ya en bancarrota. El actual Gobierno de Ucrania por ahora no se ha atrevido a actuar militarmente contra los grupos armados que dirigidos desde Moscú se están haciendo con el control de ciudades del este del país. Ello puede ser debido a dos razones. A que el Gobierno  no tiene el control de las Fuerzas Armadas, o a  que teme que si lo hace el actual Gobierno de la Federación  Rusa ordene una intervención militar contra Ucrania. Ello está provocando que el actual Gobierno de Ucrania este buscando a través de la ONU una mayor implicación internacional para actuar de forma conjunta contra los grupos armados que actúan en el este del país.

La situación en Ucrania se complica y con ello se están complicando también las relaciones entre la Federación Rusa y Occidente, es decir entre Rusia y la NATO. El conflicto de Ucrania se complica y ello es debido principalmente a que diferentes actores tanto nacionales como internacionales, que han actuado para para provocar un cambio de Gobierno en Ucrania, han sobrevalorado su poder, su fuerza,  e interpretado equivocadamente los intereses y las intenciones del actual Gobierno de la Federación Rusa en la zona. De esta forma Rusia, que hasta ayer era vista como un país socio de Occidente, ha pasado a ser considerado por la NATO como un potencial enemigo.
La UE, o mejor dicho algunas familias políticas de la UE, se han equivocado al buscar un acercamiento de Ucrania a la UE. Un acercamiento imposible por dos razones. Primera, la brecha entre la economía de Ucrania y la de la UE es enorme, además sus dirigentes no comparten los valores que en la UE dicen defender. Segunda, la economía de Ucrania tiene una fuerte dependencia de Rusia, país que entre otras cosas le vende el gas a un precio más barato que a otros países europeos. Precio del gas que Rusia se ha apresurado a subir para presionar al actual Gobierno de Ucrania, incremento  que según parece tendremos que pagar a los ucranianos todos los ciudadanos de la UE. Evidentemente Rusia también se ha equivocado al recurrir como en la época soviética a la utilización de métodos violentos, armados, para imponer su influencia en la esfera internacional. Seguramente Rusia pase a ser otra vez una gran potencia temida y considerada a nivel internacional, pero tendrá que pagar un precio muy grande, el aislamiento internacional hará caer su economía y el país se empobrecerá.

El conflicto de Ucrania y la posible ruptura de relaciones entre los países de la esfera de la NATO y la Federación Rusa están poniendo de manifiesto años de equivocada gestión tanto de la NATO como de la política exterior de la UE. Una equivocada política exterior favoreció, entre otras cosas, que la UE tenga en estos momentos una elevada  dependencia energética de Rusia. Elevada e innecesaria pues los países de la UE pudieron optar por otras alternativas, diversificando más las fuentes de energía.
En cuanto a la NATO, el fracaso en su gestión ha sido total. El conflicto de Ucrania está poniendo de manifiesto que la NATO es más necesaria que nunca, pero también que al estar constituida por un conjunto de miembros muy dispares en cuanto a intereses y valores,  es una organización poco útil, incapaz de cumplir sus objetivos, inoperativa, débil y muy frágil. Fragilidad que parece que quieren simbolizar sus dirigentes ordenando la construcción de una nueva sede a base de acero y cristal. El control que sobre la NATO ejercen determinadas familias políticas hace que la NATO solo esté dispuesta a actuar contra los de dentro, para reprimir y someter a abusos a ciudadanos de países miembros. Además, se desconoce cuál es el porcentaje de influencia que puede tener dentro de dicha organización militar el actual Gobierno de la Federación Rusa, pero es de suponer que elevado  a través de los nuevos miembros cuyos Ejércitos estuvieron controlados por la URSS.

Parafraseando al actual secretario  general de la NATO, A. Fogh Rasmussen,  está claro que esta no es la NATO de papa, no es la Nato del pasado, con objetivos claros, con voluntad de vencer y con capacidad de disuasión. Es una NATO, como he dicho, débil, frágil, desunida, inútil e inoperativa. Basta con leer el artículo de su secretario general Fogh Rasmussen, titulado “Pido a Rusia que ponga freno a la escalada”, para comprender que la diplomacia y la política se han impuesto en dicha organización anulando su carácter militar. En mi modesta opinión, de simple ciudadano, la NATO no tiene por qué justificarse ante nadie, la diplomacia y el dialogo político es cometido de otro tipo de entes. NATO simplemente debe garantizar  la seguridad y la defensa  de los Estados miembros, y por tanto  debería de enviar a Rusia un mensaje tajante, dicho de forma coloquial y resumida: “Haz lo que quieras en Ucrania pero no me toques los cojones”, es decir,  la NATO debe marcar al actual Gobierno de la Federación Rusa claras líneas rojas, como son la defensa de las fronteras, la seguridad interior, etc., sabiendo que rebasarlas supondrá el deber de  actuar militarmente.

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