martes, 29 de abril de 2014

SI TE GUSTA LA ACTUAL UE VOTA EL 25 DE MAYO.

El proyecto de unión de países europeos, desde que comenzó, haya por los años 50 del pasado siglo, ha contribuido de forma notable al progreso y  la modernización de los países que sucesivamente se  han ido integrando en el mismo, así como a la paz en Europa con la pertenecía también  de la gran mayoría de los Estados miembros a la NATO.  

Pero la actual  Unión Europea es muy distinta de la  UE que surgió de la Comunidad Económica Europea al firmarse en 1992 el Tratado de Maastricht. No  solo ha crecido en número de Estados miembros, hasta casi duplicarse, complicando ello el proceso de toma de decisiones y la posibilidad de tener una posición común  ante temas importantes, sino que también han cambiado sus valores, intereses y prioridades. Poco queda de aquella UE que a través del  Tratado de Ámsterdam buscaba crear  un espacio de libertad, de seguridad y de justicia.
La UE para poder ampliarse hacia el Este, integrando a los países comunistas que habían formado parte del Pacto de Varsovia, y para logar ser aceptada en otras zonas geográficas, con las que sus dirigentes deseaban intensificar las relaciones comerciales, liderada por un sector de las elites gobernantes europeas demasiado ambicioso y excesivamente avaricioso, tuvo que renunciar a muchos de sus tradicionales valores.  Y los valores lo son todo, pues dependiendo de que un dirigente político tenga unos u otros valores  así serán sus prioridades y por tanto sus políticas y decisiones.

Tony Judt en su libro “Algo va Mal” al hablar sobre la enorme desilusión que en nuestra época existe en la sociedad  con los políticos, los aparatos de los partidos y sus políticas dice: “En una democracia moderna se puede engañar a la mayoría de la gente la mayor parte del tiempo, pero hay que pagar un precio”. Aquellos que han liderado la construcción de la UE han sabido engañar a los ciudadanos europeos, haciéndoles creer que estaban participando en el diseño de su  construcción, cuando en realidad se estaba construyendo una UE completamente distinta a la que la gran mayoría de los ciudadanos deseaban. Silenciando sus defectos mediante logros económicos. Pero al estallar la crisis en el 2008 el silencio se ha roto, y sus defectos han adquirido visibilidad y relevancia. De repente la gran mayoría de los ciudadanos de la Europa occidental, de la Europa que formaba la UE del 92 se han dado cuenta de que la actual UE es una completa mentira.

La actual  UE no es un espacio de seguridad, libertad y justicia, sino un espacio en el que se permiten  violaciones de los derechos humanos. Muchos ciudadanos europeos están, estamos, de rodillas, sometidos, privados de dignidad, de derechos, de justicia  y de oportunidades, debido a las políticas y complicidades que emanan de  las instituciones de la UE.

La UE es demasiado grande, no para caer sino para decidir. La UE está formada por Estados muy dispares, con diferentes intereses , y con, insisto en ello, diferentes valores, y ello dificulta el proceso de toma de decisiones, es decir su gobernanza, dificulta que la UE pueda tener una posición común y coordinada  en temas importantes,  como por ejemplo, la política exterior. Con la ampliación hacia el Este la UE ha pasado de ser un actor principal de la esfera internacional a ser casi totalmente irrelevante.
A nivel económico la actual UE pierde poder económico, se empobrece, y dicho empobrecimiento no afecta a las elites gobernantes, las cuales son cada día más ricas sino a los sectores más débiles de la sociedades de los Estados miembros, incrementando la pobreza y la desigualdad, es decir, la brecha entre ricos y pobres. Siendo, según la OCDE, España el país en el que más ha aumentado la desigualdad en los últimos años como consecuencia de la crisis. La UE se empobrece y con ello la sostenibilidad de todo lo que engloba el Estado de Bienestar se ha puesto en entredicho en varios Estados miembros.

La UE es una gran mentira. El descredito de las instituciones europeas es muy elevado, y el temor a que en las próximas elecciones del 25 de Mayo haya una elevada abstención, superior a la de  las últimas elecciones, que ya fue de más del 50%, ha llevado a las fuerzas políticas europeas mayoritarias, Partido Popular europeo y Socialdemocracia, a difundir su última mentira, la de que en las próximas elecciones al Parlamento Europeo los ciudadanos elegirán con su voto al presidente de la Comisione Europea, algo totalmente falso. El presidente de la CE no lo elige ningún partido, no lo elige el PE si no  el Consejo Europeo. Cierto que el Tratado de Lisboa dice que para su elección el Consejo Europeo debe tener en cuenta la composición del PE, pero puede ser uno de los actuales candidatos de los partidos políticos, Jean Claude Juncker por el PPE o Matin Schulz por la Socialdemocracia, u otro, todo dependerá del consenso, del acuerdo,  que en su momento se logre  en el Consejo Europeo, es decir, a nivel Estados, y  no a nivel partidos políticos como están transmitiendo los candidatos a eurodiputado a la opinión pública europea.

A pesar de ser consciente del total fracaso de la actual UE, no me considero euroescéptico sino europeísta, pues considero que solo en una UE fuerte los ciudadanos europeos podremos encontrar respaldo para hacer frente a los abusos que el  Gobierno de un Estado , por ejemplo el actual Gobierno de España, quiera ejercer contra sus ciudadanos. Pero la solución, en mi modesta opinión de simple ciudadano europeo, no está en más Europa sino en otra Unión Europea. En una UE que recupere viejos valores, valores que la lleven a considerar a los ciudadanos, su bienestar, sus libertades, sus derechos,  el centro de todas sus políticas y decisiones.  Una UE en la que se permiten violaciones de los derechos humanos y en la que la pobreza y la desigualdad no cesa de crecer no solo difícilmente puede tener  futuro, sino que su existencia ni conviene ni interesa a los ciudadanos europeos. Además la UE debe poner limitaciones a la libre circulación de bienes, capitales y personas.  A la libre circulación de personas incluso a nivel interior, pues la libre circulación de personas entre los Estados miembros está provocando entre los ciudadanos de las sociedades que reciben inmigración  malestar y un fuerte rechazo hacia la UE, pudiendo provocar a corto plazo su ruptura o la salida de algún Estado representativo de la misma.

La UE debe producir más e importar menos. Los tratados de libre comercio que la UE tiene con terceros países están dañando de forma importante las economías nacionales. Las importaciones siguen  siendo la principal causa de la destrucción de empleo. Destrucción de empleo que en España continúa de forma imparable desde que en  el 2008 comenzó la crisis. La firma de un tratado de libre comercio entre la UE y los Estados Unidos será muy negativo para la UE, no solo por lo que en si represente , sino por lo que se esconde detrás, que no es otra cosa que la tendencia a un libre comercio mundial.
La UE ya no tiene capacidad para absorber más inmigrantes, dicha saturación está provocando que en muchos países la inmigración sea ya el principal problema que afecta y preocupa  a los ciudadanos. Una equivocada defensa de la lucha contra el racismo y la xenofobia ha permitido que en muchos Estados miembros los inmigrantes adquirieran derechos en perjuicio de los ciudadanos nacionales. Los movimientos migratorios organizados, y no deseados por las sociedades que se ven obligadas a recibirlos, es una fuente de conflictividad social e inseguridad ciudadana. Los inmigrantes no son solo personas, son también trabajadores. Trabajadores que compiten con los ciudadanos oriundos por los mismos puestos de trabajo y ayudas sociales. En una UE en la que los Estados miembros tienen tasas de paro tan elevadas, encontrándose desempleados también un porcentaje importante de inmigrantes no tiene sentido, es ilógico, es irracional, mantener una política favorable a la entrada de inmigrantes. Es cierto que la sociedad europea se envejece, pero habiendo elevados porcentajes de paro es evidente que la UE no necesita la entrada de más mano de obra. La entrada de más inmigrantes no es necesaria para el desarrollo de la UE a corto plazo, y lo único que va a provocar es un incremento de la  conflictividad social, un incremento de la inseguridad ciudadana y un incremento la delincuencia. La entrada de inmigración a lo único que realmente contribuye es a que bajen los salarios al haber cada día  más trabajadores necesitados de un empleo y  luchando por el mismo puesto de trabajo y las mismas ayudas sociales.

La UE  debe cambiar su política migratoria aumentando la lucha contra la inmigración ilegal. En mi opinión es necesario que la UE exija a los Estados miembros un mayor control de sus fronteras. Lo que está ocurriendo por ejemplo en España con las fronteras de Ceuta y Melilla es vergonzoso e injustificable. Ceuta y Melilla no se pueden convertir en puertas de entrada a la UE. Si el actual Gobierno de España no quiere o no puede impedir la entrada de inmigrantes en Ceuta y Melilla, por ejemplo provenientes de Guinea, dictadura con cuyo presidente, Teodoro Obiang, elites gobernantes de la sociedad española tiene  estrechas y lucrativas relaciones, tendrá que ceder esos territorios, pues no puede ser  que cada 1000 personas que salten la vaya, que crucen a territorio español, tengan de forma automática derecho a entrar en la UE, a competir con los nacionales por un trabajo, o por ayudas sociales o lo que es lo peor, a delinquir.

Necesitamos un nueva UE, insisto, con nuevos valores y políticas, y evidentemente  esa nueva UE no se va a logar ni votando a partidos políticos euroescépticos, que se oponen a la UE, y no sabemos por qué quieren entrar a formar parte de algo que desean destruir, el Parlamento Europeo. Ni votando a los de siempre, a dirigentes políticos que han contribuido a la construcción de la actual y fracasada UE. Como es el caso de España, país en el que tanto el Partido Popular como el  Socialista presentan como cabezas de sus respectivas listas a antiguos eurodiputados, respectivamente, Miguel Arias Cañete y Elena Valenciano. Es evidente que la única posición coherente con la actual situación de la UE es la abstención. Abstención que deje ver de forma clara a los actuales dirigentes de la UE el descontento de los ciudadanos con sus políticas. Abstención que por otro lado no afectara en nada al  funcionamiento de la UE pues este no depende tanto del Parlamento Europeo sino de las decisiones que se adopten en el Consejo Europeo.

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