miércoles, 11 de junio de 2014

EL CONGRESO APOYA CON EXTRAÑA RAPIDEZ LA ABDICACIÓN.

Acabo de leer “La utilidad de lo inútil” de Nuccio Ordine. Un librillo entretenido, del que por sentirme utilitarista no comparto todo lo que en él se defiende. En dicho librillo el autor utiliza una cita de Pierre Hadot, que me parece muy oportuna para este artículo, dice:

“Y es precisamente tarea  de la filosofía
el revelar a los hombres la utilidad de lo inútil
o, si se quiere, enseñarles a diferenciar
entre dos sentimientos diferentes de la palabra utilidad”.

En mi opinión no hay nada inútil, si algo existe es siempre porque es útil, útil para alguien, útil para algo. Por ejemplo, el estudio de lenguas muertas, la poesía, determinadas ciencias, la propia filosofía, existen, y sobreviran en la época materialista en que vivimos porque para alguien y para algo son útiles. Lo mismo ocurre con la forma de gobierno denominada monarquía, a pesar de ser incompatible con el concepto de democracia y con el principio de que la soberanía reside en el pueblo y únicamente en el pueblo, sigue sobreviviendo en nuestra época porque es útil, muy útil para un sector de la sociedad de cada uno  los Estados que la tienen por forma de gobierno.
La monarquía existe porque es muy útil a un sector social con mucho poder en cada uno de los Estados en que existe. Únicamente por eso, buscar otro tipo de argumentos para justificar su existencia es irracional, algo totalmente inútil, una verdadera pérdida de tiempo.

El Rey ha dicho que abdica, y que su hijo el  príncipe Felipe,  muy bien preparado según dicen, no se para que, se hará cargo de la Jefatura del Estado. Y para dar sustento constitucional a dicho acto  el Gobierno de España de acuerdo al artículo 57.5 de la Constitución del 78 ha aprobado de la forma más rápida posible, reduciendo al mínimo el debate sobre el tema, una ley orgánica. Ley orgánica a través de la cual los actuales representantes de las Cortes Generales, como no podía ser de otra forma,  aceptan  la decisión del Rey y le dan su apoyo.

El debate sobre la Ley de Abdicación que se ha celebrado hoy en el Congreso de los Diputados y la posterior votación han transcurrido como se esperaba. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, respaldado por su partido, el PP, el cual cuenta con mayoría absoluta, ha intentado justificar la  utilidad de la Casa Real, haciendo numerosos halagos tanto a la finura del actual Rey como al príncipe Felipe, del cual insisten en que está muy bien preparado. Afirmando que sin la participación del Rey, sin su pilotaje, la democratización de España hubiera sido más difícil, más complicada o incluso imposible. Según el presidente Rajoy  el Congreso debe dar su apoyo al tránsito generacional de la Corona porque esa es la voluntad de los españoles recogida en la Constitución desde que esta fue sometida a referéndum en el 78. Por otra parte el líder del PSOE, principal partido de la oposición, también ha dado su apoyo a La Ley de Abdicación, justificando su decisión con el argumento de que sigue respectando el pacto constitucional acordado en el 78 por su partido, el cual incluía la aceptación de la Monarquía, la aceptación de que la Jefatura del Estado fuera ejercida con carácter hereditario por la familia de los Borbones.
El resultado de la votación ha sido de 299 votos a favor, 19 en contra, y 23 abstenciones. Es indiscutible por tanto que hoy por hoy, por una razón o por otra,  la Casa Real de los Borbones sigue disfrutando del apoyo de las principales y mayoritarias fuerzas políticas del país. Lo cual me lleva a hacerme algunas  preguntas ¿Si la Corona, los Borbones, cuentan con tanto respaldo político, para que tanta rapidez en adoptar una decisión de enorme transcendencia para España? ¿Por qué no han tramitado la ley dando más opción al debate, no solo dentro del Congreso de los Diputados, sino también en la sociedad española, a nivel ciudadano, en otros  entes de poder de la sociedad española? ¿Qué temen? Evidentemente no es otra cosa que el rechazo social. La clase política española con extraña y anormal rapidez, tal vez acertada, por miedo,  para evitar consecuencias no deseadas,  intenta imponer un futuro que teme que no es aceptado por la gran mayoría de la sociedad española.

No estoy seguro, pero posiblemente la decisión adoptada hoy por las fuerzas políticas mayoritarias españolas haya  sido la más conveniente. Un pacto como el que  permitió en el 78 que España sea hoy una Monarquía Parlamentaria no se puede romper de un día para otro. Los Borbones restauraron la Monarquía en España porque en el 75 tenían mucho poder y apoyos, tanto nacionales como internacionales. Hoy dichos apoyos se han reducido, la institución de la Monarquía es responsable de muchos de los abusos que se han producido desde su restauración en España, los Borbones han, metafóricamente hablando, mordido mucho y a muchos ciudadanos españoles, perdiendo apoyos y ganando rechazo y odio en la sociedad española. A nivel internacional la gestión realizada por la Casa Real de los Borbones también ha decepcionado. Pero en contra de lo que creen algunos pequeños partidos políticos españoles, los comunistas, y alguno que otro más,  yo sí creo que la Institución de la Monarquía todavía tiene mucho poder, poder para morder, poder para ordenar abusos, poder para anular la vida de un ciudadano privándole del derecho a trabajar.
Hay dos cosas que me han llamado la atención en relación con el debate sobre la Ley de Abdicación. Primera, mientras el presidente Rajoy hablaba en el Congreso de normalidad democrática, a unos cientos de metros, gorilas de la policía amenazaban y agredían de forma inútil e innecesaria a indefensos ciudadanos que únicamente querían ejercer su derecho a manifestarse y expresarse. ¿Normalidad democrática? No, vivimos en un ambiente de represión policial y judicial, en un ambiente en el que se produce lo que se denomina violencia de Estado, en un ambiente en el que el Estado, incluida la Institución de la Monarquía, es responsable de que se produzcan, con total impunidad,  violaciones de los derechos humanos. Segunda, han sido dirigentes de  partidos políticos con pequeño respaldo electoral los que han manifestado más interés y urgencia en convocar un referéndum para que el pueblo español se pronuncie sobre si quiere una Monarquía o una República como forma de Estado. ¿Por qué? ¿Por qué tienen tanta prisa en que España sea una República si ellos, como mínimo a corto plazo, no la presidirían? No lo sé, como simple ciudadano no integrado en una fuerza política, no creo que sea urgente cambiar la forma de Estado. Lo que si considero urgente y necesario es reformar lo que se conoce como el papel institucional de la Casa Real, es decir, el Titulo II de la Constitución del 78 y todo el contenido adicional tácito, oculto, que permite que la Casa Real sea responsable no solo de cosas como el caso Noos, sino también de numerosos abusos de poder y violaciones a los derechos humanos que se producen en la sociedad española.

Es necesario y urgente reformar el Titulo II, limitando el poder de la Casa Real. Y dejando claro cuál va a ser a partir de ahora el rol institucional de cada uno de sus miembros. En un Estado democrático es inaceptable que el mando supremo de las Fuerzas Armadas lo ejerza una familia, los Borbones. De igual forma la Casa Real, la institución de la Monarquía debe de dejar de jugar el rol que juega dentro del Poder Judicial, no es propio ni de nuestra  época ni de un Estado democrático que el Titulo VI de la Constitución recoja que la justicia se administra en nombre del Rey. Además,  algo todavía más preocupante, es cuál va a ser el papel institucional de la futura Reina, Letizia Ortiz, siendo según fuentes periodísticas atea y abortista, sobre que va a poder decidir, en que va a poder representar al conjunto de la sociedad española, es decir, que poder va a tener en relación con importantes instituciones del Estado español.

Hace unos días en un programa de televisión el presentador pedía a unos niños que dijeran que era para ellos un Rey. Pensé, difícil pregunta, y pensando en la ajedrez, y recordando hechos de la historia,  llegue a la siguiente definición “Un Rey es un dirigente cuya caída siempre provoca consecuencias”  El Rey de España ha caído literalmente hablando pero no metafóricamente hablando, simplemente ha abdicado en su hijo, el príncipe Felipe, antes de pedir su total caída, el fin de la Monarquía, en mi opinión, es necesario ser prudente, comprobar si realmente existen medios, barreras, suficientes para impedir consecuencias no deseadas.

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