miércoles, 3 de septiembre de 2014

NUEVA GUERRA FRIA: ¿QUIEN ALIADO? ¿QUIEN ENEMIGO?

Recientemente, la Agencia Rusa de Información, Novosti, ha publicado que la OTAN, en la cumbre que celebrara en Gales, los próximos días 4 y 5 de Septiembre, tiene previsto aprobar un documento en el que dice que Rusia representa una amenaza para la seguridad euroatlántica. Además, el secretario general de la OTAN, Fogh Rasmussen,  ha hecho público que en la próxima cumbre propondrá a los países aliados  la creación de nuevas  bases militares en Europa del Este, en el territorio de Letonia, Lituania, Estonia, Rumania y Polonia, con 300 a 600 militares en cada base. Así como la creación de una fuerza de acción inmediata con capacidad para actuar en menos de 48 horas. La agencia Novosti ha publicado también que algunos dirigentes rusos están proponiendo la creación de una alianza militar entre los países que constituyen lo que se conoce como los BRICS.

Como la energía, el poder tiene diferentes formas, nos dice Bertrand Russell en su libro “El poder”. El poder económico, el poder militar, el poder de la propaganda, son algunas de ellas. Todas ellas interdependientes, de tal forma que, por ejemplo, no puede haber poder económico sin poder militar, y viceversa, ningún país puede tener poder militar si no cuenta con el suficiente poder económico. El asunto del conflicto entre Ucrania y Rusia está poniendo de manifiesto que en pleno siglo XXI, en la era digital, el poder militar todavía sigue siendo la forma de poder determinante.
La política de seguridad y defensa no es una política aislada, sino que depende de otras y afecta de forma importante a otras, por ejemplo a la política económica, a la política comercial, etc. La guerra es un instrumento de la política al servicio del Estado,  cuya utilización la deciden las elites gobernantes de un país, pero sus consecuencias las sufren ciudadanos comunes, pues las elites no suelen ir a la guerra, incluso las elites militares, suelen quedarse en retaguardia. A pesar de ello, sobre política de seguridad y defensa hay muy poco debate público. Las elites políticas se reservan para ellos la discusión y decisión sobre seguridad y defensa, mientras utilizan a los medios de comunicación  afines para distraer la atención de los ciudadanos hacia temas de menor importancia. El conflicto entre Ucrania y la Federación Rusa está poniendo de manifiesto que en la sociedad hay  poco debate público sobre seguridad y defensa, a pesar de que la evolución del conflicto puede afectar de forma directa o indirecta, repercutiendo sobre la economía, a todos los ciudadanos de la UE.

En 1994 cuando los dirigentes políticos que controlaban la OTAN, entre ellos el expresidente Clinton, decidieron la creación de la Asociación para la Paz, para impulsar la ampliación de la Alianza integrando a países de Europa del este, ex miembros del disuelto Pacto de Varsovia, no hubo apenas debate público, se le hacía creer a la opinión pública que la ampliación solo iba a suponer poner una nueva bandera en la sede de la OTAN en Bruselas. Lógicamente, aunque la discusión sobre la ampliación y coste económico se silenció, hubo muchos expertos que se opusieron. Muchos políticos americanos retirados consideraron desde el primer momento la ampliación un error de proporciones históricas que agravaría la estabilidad europea. Hoy sabemos que tenían razón, Europa vuelve a vivir una nueva guerra fría.

No hace mucho, ayer como quien dice,  Rusia era considerada un socio de la OTAN. Para impulsar el acercamiento y la cooperación entre la OTAN y Rusia, en 1997 se firmó el Acta Fundacional OTAN-Rusia sobre relaciones mutuas, a través de la cual la OTAN se comprometía a no desplegar fuerzas militares en los territorios de los nuevos miembros de Europa del Este. En la misma línea, acercamiento y cooperación, en  el 2002 se creó el Consejo OTAN-Rusia. A la vez que se promovía el acercamiento entre Rusia y los países de la OTAN, intensificándose relaciones de todo tipo, por ejemplo  comerciales, la UE se implicó de forma equivocada en cosas como la Revolución Naranja en Ucrania y la Revolución Rosa en Georgia, enturbiando las relaciones entre Rusia y la OTAN, países que querían y quieren entrar en la OTAN, a pesar de que se oponían y se oponen todavía hoy  los principales estados miembros. Hoy Rusia es una amenaza. Es evidente que las relaciones entre la OTAN y Rusia se han llevado de forma equivocada con exceso de confianza, y con equivocadas injerencias en las relaciones de Rusia con otros países.

Europa vuelve a vivir una nueva guerra fría. Para poder ganar una guerra lo primero, y fundamental, es identificar y dimensionar el enemigo. Europa entra en una nueva guerra fría en la que el enemigo no está claro. Al caer el comunismo, una equivocada visión de lo que estaba ocurriendo favoreció que exdirigentes comunistas, ricos, millonarios, estrecharan relaciones con las elites gobernantes europeas, no con elites de su misma ideología, comunista, sino con elites con elevado poder económico, especialmente de lo que se conoce como la derecha política. De dichas nuevas relaciones soviético-occidentales surgieron nuevos actores políticos, híbridos, como en España son Podemos, Ganemos, etc. Actores políticos muchos de ellos hoy con voz y voto en el Parlamento Europeo. ¿Quién es el enemigo?
Europa vuelve a vivir una nueva guerra fría. Seguramente muchos ciudadanos se preguntaran ¿quién es el enemigo? Los servicios secretos rusos, la mafia rusa, o sectores de las elites gobernantes europeas, que en países como por ejemplo España, ordenan violaciones de los derechos humanos, y recurren a la medicina punitiva para convertir a través de abusos médicos a ciudadanos europeos en pusilánimes, para así impedir que puedan combatir. ¿Quién es el enemigo?

A partir del  2003 la UE intento adquirir mayor protagonismo en seguridad y defensa creándose para ello la Agencia Europea de Defensa. Dicha política ha fracasado completamente. El conflicto entre Rusia y Ucrania ha puesto de manifiesto que la UE carece de una defensa colectiva efectiva fuera de la OTAN. Además, la entrada de nuevos miembros y la evolución ideológica han hecho que la OTAN pierda operatividad al carecer de principios militares fundamentales en las operaciones militares, como son la acción de conjunto y la voluntad de vencer. En este contexto de baja operatividad, en el que no está claro quién es el enemigo, en la próxima cumbre  de la OTAN su secretario general,  Fogh Rasmussen,  preguntara, otra vez, ¿Quién aliado?  Por ejemplo ¿Quien está a favor de la creación de una fuerza de acción inmediata? A la que no pertenecerán lógicamente  pusilánimes  que han sido objeto de violaciones de los derechos humanos ordenadas por elites gobernantes europeas.

La OTAN es necesaria, pero la actual OTAN es inútil, carece de operatividad, pues no llega con tener capacidades militares,  hay que estar dispuesto a utilizarlas en tiempo oportuno. La OTAN carece de decisión para actuar. La actual OTAN ya solo es útil para ordenar y encubrir abusos contra ciudadanos de países miembros, para ordenar desde su seno o encubrir violaciones de los derechos humanos. En mi modesta opinión los países occidentales no deberían implicarse en el conflicto entre Rusia y Ucrania, no hay valores comunes con las elites dirigentes ucranianas. La defensa colectiva es útil si se basa en aliados leales. La OTAN en estos momentos no está constituida por aliados leales. Es evidente que la OTAN debería disolverse y los Estados Unidos, que representan alrededor del 65% de las capacidades de la NATO, debería de forma rápida, liderar la creación de una nueva alianza militar, con los mismos valores y principios que los defendidos en 1949 en el Tratado de Washington.

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