domingo, 19 de octubre de 2014

ANTES DE QUE ENTRE PABLO IGLESIAS, TIERRA QUEMADA

El siglo XXI va a pasar a la historia por haber comenzado con una época que se caracteriza por cosas como: Una enorme inestabilidad política,  internacional e interna de numerosos Estados, por haberse producido una crisis económica de dimensión mundial, por el incremento de conflictos armados o el agravamiento de los heredados del siglo pasado, por el hecho de que países desarrollados sufren un proceso de empobrecimiento, y por la incapacidad de los gobernantes para dar soluciones a problemas importantes, graves,  que afectan a sus respectivos Estados.

A nivel político y social el comienzo del presente siglo también tiene características propias, en mi opinión tres importantes: Primera, se ha producido un enorme debilitamiento del poder democrático, que emana de las urnas. Segunda,  la reciprocidad no se considera un valor a defender y respectar. Tercera, hay una fuerte apelación a la violencia como instrumento para lograr objetivos políticos.

El debilitamiento del poder democrático es un tema muy extenso, analizado con profundidad por Moisés Naim en su libro El Fin del Poder. Las causas son muchas, distintas, complejas, discutibles, pero sus consecuencias se pueden resumir en una: Incapacidad. Incapacidad para garantizar  estabilidad, incapacidad para garantizar orden, incapacidad para hacer cumplir las leyes tanto a nivel internacional como nacional, incapacidad para garantizar seguridad, incapacidad de los gobiernos para dar soluciones a problemas de sus respectivas sociedades, incapacidad de los gobiernos para hacer cumplir la legalidad democrática, incapacidad de las organizaciones políticas para controlar a sus miembros, etc., etc., etc. En el libro a que he hecho referencia Randall Shweller nos da una clara definición de lo que está pasando, dice al respecto: “La entropía reducirá y diseminara el poder utilizable en el sistema. Nadie sabrá donde reside la autoridad porque no residirá en ninguna parte, y sin autoridad, no puede haber gobernanza de ningún tipo”.

La degradación del poder tiene muchas causas, discutibles, difíciles de identificar como tal, pero un único origen “Una lucha incondicional por el poder”. Muchos grupos en su lucha incondicional por el poder han considerado necesario para lograrlo dar voz y más poder a grupos sin apenas poder, ni social, ni político, ni económico. En política es lo que se conoce como la dictadura de las minorías, fenómeno favorecido por los cambios demográficos que ha provocado la inmigración, consistente en que grupos con gran respaldo social necesitan del voto de minorías para ganar las elecciones, de tal forma que el voto de unos pocos tendrá poder para condicionar  la forma de gobernar de grupos mayoritarios.

En una lucha incondicional por el poder le dieron voz, juego, más poder, a grupos débiles, minoritarios, que consideraban que la fragmentación del poder les favorecía, pues contribuiría a  aumentar su poder. Idea equivocada, pues como todos sabemos, utilizando un símil empresarial, que la competencia venda menos no implica que tú vayas a aumentar tus ventas. Como dice Moisés Nain, entre otras cosas la degradación del poder ha facilitado el auge de grupos de poder extremistas. Grupos violentos, que solo desean destruir el sistema democrático que les impide acceder al poder a través de elecciones, grupos  como por ejemplo en España, el grupo político Podemos.

La época actual se caracteriza por predominar el pensamiento de que  la reciprocidad no es un valor a defender y respectar, es decir, pensamiento partidario de no respetar los acuerdos, los pactos. Vivimos una época en la que hay una importante ausencia de reciprocidad, y ello es muy grave, pues sin reciprocidad no hay confianza, y sin confianza es imposible la cooperación, imprescindible para darle una solución a importantes problemas internacionales, imprescindible para que las sociedades progresen y se desarrollen.

La reciprocidad, imprescindible para que haya confianza, requiere que los acuerdos perduren en el tiempo y se respeten. Requiere que las leyes perduren en el tiempo y el Estado vele por su cumplimiento. Un ejemplo de la esfera internacional, los que ayer se oponían a la injerencia militar por razones humanitaria, hoy motivados por sus  intereses particulares, intereses económicos, alianzas políticas, etc,  dicen que es necesario actuar militarmente en determinados Estados para garantizar la estabilidad, defender los derechos humanos, proteger a la población civil. Es decir, cuando les interesa se declaran a favor del principio de responsabilidad de proteger y cuando no quieren impedir su aplicación, evidentemente ello anula la reciprocidad, y por ende la confianza,  provocando parálisis internacional.

La apelación a la violencia como instrumento para logar fines políticos es otra moda que ha tomado auge, fuerza, en nuestra época. Y además una consecuencia de las dos anteriores características, el debilitamiento del poder y la falta de reciprocidad. Un debilitamiento del poder que no puede y en muchos casos no le interesa combatir, erradicar, esa violencia. Y una total falta de reciprocidad partidaria de que cada uno aguante su vela, es decir que cada uno haga frente con sus propios medios a la violencia política.

Aquí, en España, el partido político Podemos es un claro fruto de la época política a la que brevemente me he referido. Hay muchas señales que lo indican, Podemos pasará a la historia del siglo XXI por ser una gran farsa política. El partido político Podemos careciendo de total influencia en la sociedad española, ha adquirido un enorme protagonismo debido a que hay un pacto entre las elites dirigentes burguesas españolas para impulsar Podemos, o mejor dicho, para impulsar a Pablo Iglesias y su equipo. Algo que da a entender como si las elites burguesas españolas estuvieran pagando a Podemos un precio por algo. La fuerza de Podemos no viene de sus simpatizantes, de sus militantes, muy activos, muy implicados en la lucha, muchos de ellos es lo único que hacen, muy gritones,  pero pocos, muy pocos, y con muy poco poder en la sociedad. Ni tampoco le proviene de la coleta de Pablo Iglesias. La fuerza de Podemos surge de dos cosas. Primera, de la fuerte y oculta  financiación que recibe ese grupo del comunismo internacional, lo cual nos lleva a fijar nuestra atención en Rusia y sus satélites. Y del apoyo que le dan sectores de la derecha española, afines al Partido Popular. Sectores de la derecha que controlan importantes redes de naturaleza clientelar y por tanto con capacidad para canalizar el voto en una dirección o en otra. Sectores de la derecha española que además contribuyen a ocultar la financiación, el apoyo económico, que  Podemos recibe del comunismo internacional.  

Podemos ya empieza a enseñar no su ideología comunista, sino  su forma, su organización, ya determinada desde que se organizó lo que se denominó el 15M, y ayer en un congreso su cabeza visible conocida,  Pablo Iglesias, quiso enseñar sus dientes diciendo “El cielo no se toma por consenso, sino al asalto”. Un claro lenguaje comunista, violento, belicista, y equivocado pues alguien que quiera mucho a Pablo Iglesias podría decidir ayudarle a entrar en el cielo de forma rápida. Un mensaje que denota además una enorme ignorancia por parte de Pablo Iglesias, pues  ignora lo que saben los creyentes,  que en el cielo no temen a los comunistas, no temen a gente violenta como la de Podemos. Todo es susceptible de poder ser tomado en un momento dado al asalto, a través de la violencia, por la fuerza de las armas, con los militares, pero los creyentes sabemos que gente como Pablo Iglesias no tiene sitio en el cielo, pues  antes de que personas como Pablo Iglesias pudieran entrar en el cielo, los leales, los creyentes, los que ya están allí, ordenarían su completa destrucción. 

Pero dejemonos de símiles religiosos y hablemos claro. La democracia española tiene en estos momentos muchos enemigos, la corrupción, la mediocridad de unos dirigentes políticos que solo están al frente de sus partidos por contar con el apoyo de lo que se conoce como las bases, etc. Pero sin lugar a dudas uno de los principales enemigos, y repito enemigo, de la democracia española es en este momento Podemos y los sectores de las elites dirigentes burguesas españolas que le apoyan. Podemos es una amenaza para la democracia española que se debe de combatir y erradicar con todos los medios posibles, electorales, intelectuales, etc., etc., etc. No sé qué cantaran arriba, pero aquí abajo debemos de cantar: “Antes de que entre Pablo Iglesias, tierra quemada”.

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