A pesar de llevar ya casi ocho años de presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez no ha perdido su capacidad de sorprender con sus discursos. Hoy en su comparecencia en el Congreso de los Diputados, para hablar de la posición del Gobierno en la guerra de Irán, a sus conocidas facetas de mentiroso, de cínico y de político elevadamente ambicioso, siendo capaz de pagar el coste que haga falta para seguir gobernando, ha sumado una nueva, la de dirigente político cobarde.
Con la clara intención de manipular a la opinión pública, según Sánchez los conflictos entre las democracias occidentales y actores del mundo islámico o musulmán, empezaron en el 2003. Como consecuencia de la intervención militar estadounidense para derrocar el tiránico régimen de Sadam Husein. Ello, según Sánchez, provoco una oleada de atentados de grupos terroristas islamistas contra las democracias europeas. De forma interesada e insisto, con la intención de manipular a los ciudadanos, Sánchez no habla de todo lo que ocurrió antes, para no extenderme, no hablo de cosas como los atentados de Nueva York del 11-S, acciones que justificaron la intervención militar de Estados Unidos y sus aliados contra Irak.
Después de acotar de forma interesada y manipulativa el pasado, el presidente Sánchez ha apelado al miedo de los ciudadanos para que se pongan a favor de su no a la guerra. Enviando a la opinión publica el mensaje de que el Gobierno debe posicionarse del lado de Irán, porque es un país muy grande, con mucha población y, sobre todo, con fuertes capacidades militares. Y, además, ponerse a favor de los Estados Unidos e Israel en la guerra contra Irán puede provocar que desde el mundo islámico se ordenen atentados terroristas contra las democracias europeas. Lógicamente, el mensaje de Sánchez es cobarde, pero también falaz, porque todos sabemos que Sánchez, el primer presidente de la democracia que gobierna en coalición con los comunistas, no apoya a los Estados Unidos en su guerra contra Irán, de quien es histórico aliado en la OTAN, porque quiere alineare con la orbita de Rusia y China, en la que de forma clara está integrado el Gobierno iraní.
Sánchez ha calificado la guerra de Irán de injusta, absurda e ilegal. Está claro que el presidente Sánchez es partidario de ceder frente a Estados autoritarios, dictaduras, del mundo islámico que recurren al terror y las amenazas para intentar imponer sus reivindicaciones a las democracias occidentales, ayer Irak, hoy Irán, mañana quién sabe. Quién sabe, pues a lo mejor el cambio de posición del Gobierno de España respecto al Sahara occidental, no se debe a razones ideológicos sino a amenazas de la dictadura marroquí. Si la posición del Gobierno de España, según Sánchez mayoritaria en la sociedad española, es la de ceder ante las amenazas de Estados del mundo islámico o sus grupos terroristas, la gran pregunta es ¿Para qué necesita España unas Fuerzas Armadas? ¿Soló para participar en operaciones de mantenimiento de la paz? A pesar del éxito que supuso la transformación política lograda con la Transición y la aprobación de la Constitución de 1978, con el paso de los años, con el impulso de una nueva generación de elites dirigentes y, sobre todo debido al poder e injerencia de la Monarquía, la democracia española ha evolucionado hasta convertirse en la disuelta República Democrática Alemana. Con unas fuerzas armadas cuya principal misión es la sostener a la Monarquía y ejercer represión contra humildes ciudadanos con los que las elites dirigentes tengan conflictos. Con unos servicios secretos, el CNI, controlados por las elites militares, hoy España es un Estado en el que se espía de forma continua y profunda a humildes ciudadanos cuyos intereses están en conflicto con el de las elites dirigentes, buscando una oportunidad, algo, que favorezca lograr someterlos.
La posición el presidente Sánchez respecto a la guerra de
los Estados Unidos y sus aliados contra Irán debe ser calificada de cobarde,
falaz, y, sobre todo, ideológica. Cobarde, porque prefiere ceder antes las
amenazas del terrorismo islamista a tener que recurrir a la fuerza para hacerle
frente. Falaz, porque todos sabemos que la principal amenaza terrorista que hoy
deben temer los españoles es la de una posible acción de terrorismo de Estado,
ordenada por el Gobierno o realizada contando con su complicidad. Terrorismo de
Estado como desde diferentes perspectivas, del espionaje, del periodismo,
analistas, etc, se considera que fue el caso del 11-M, principalmente, porque se
sabe que fue realizado contando con la complicidad de actores con poder en las
instituciones del Estado. E ideológica, porque con ello, sin duda, Sánchez
busca alinearse con Rusia, China y sus aliados en la órbita internacional.
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