Una de las principales
características de un Estado es la capacidad de su población de dotarse, de
forma democrática o no, de un Gobierno capaz de ejercer la soberanía, el poder
político, sobre un determinado territorio. Y la principal forma de ejercer dicha
soberanía es a través del control de las fronteras. El pasado jueves, 30 de
julio, miles de inmigrantes, se habla de más de 50.000, de cultura musulmana y,
según fuentes oficiales, nacionalidad marroquí, invadieron la ciudad española
de Ceuta cruzando la frontera ilegalmente, poniendo en entredicho la capacidad
del Gobierno de España para defender la soberanía nacional.
¿Es posible que más de 50.000 personas se pusieran de acuerdo de forma espontánea para cruzar de forma ilegal la frontera? Sí, igual querían ir de compras a Ceuta, pero teniendo en cuenta que no compraron nada, es muy poco probable. Y todavía es menos probable, que actores exteriores, se ha hablado del Gobierno israelí y la Administración Trump, fueran capaces de impulsar un movimiento masivo de población dentro de la dictadura marroquí, sin contar con el apoyo de su Gobierno. Las organizaciones, mal llamadas mafias, que se dedican al trafico ilegal de inmigrantes no trabajan gratis, no ofrecen mover a los inmigrantes sin antes haber cobrado. Muy probablemente el ataque a la soberanía española ha sido orquestado, planificado y ordenado, desde la cúpula de la dictadura musulmana marroquí. Todo indica que el Gobierno marroquí ha desafiado la soberanía española y, por tanto, de la UE, ordenando a su población invadir Ceuta.


