El Partido Republicano (PR),
primero con Ronald Reagan, luego con George Bush, llevaba 11 años gobernando
dando mucha importancia a la política exterior, algo que sin duda favoreció la caída
del Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética y el Pacto de
Varsovia. Durante la campaña de las elecciones presidenciales de 1992, para
hacerle frente, el equipo del expresidente de los Estados Unidos, Bill Clinton,
Partido Demócrata (PD), puso de moda el eslogan ¡Es la economía, estúpido!
Independientemente de que fuera debido a un lógico cansancio del electorado causado
por políticas del PR o al éxito del eslogan, Clinton gano las elecciones. Ahora
no está claro gracias a que propuestas políticas ha ganado el presidente Trump
las últimas elecciones, pero, de forma implícita, ha puesto de moda un nuevo eslogan
¡Son los beneficios, estúpido! Eslogan que lleva a
interpretar que una determinada política es buena si genera beneficios. Pero
claro, ¿Beneficios para quién? Un utilitarista estadounidense diría que una
política es buen si hace que las cosas vayan mejor para un elevado porcentaje
de la población de su país. El problema está en que no todas las políticas, por
ejemplo, encajadas en la política exterior, se pueden valorar en términos
económicos.
