Los Premios Nobel están desde
hace tiempo totalmente desacreditados, entre otras cosas, por estar constatado
que su entrega obedece más a intereses, políticos, económicos, etc., que a
razones objetivas. Hoy se le ha entregado el Premio Nobel de la Paz 2016 al
actual presidente de Colombia, Juan Manuel Santos,
por sus esfuerzos en el proceso para poner fin al conflicto armado que desde
hace décadas el Gobierno de Colombia mantiene con las FARC. Como en
ocasiones anteriores, la entrega de este premio no ha estado tampoco exenta de polémicas.
En primer lugar, porque no se entiende por qué no ha sido galardonado con el
premio también el actual líder de las
FARC, Rodrigo Londoño, alias Timochenko, el cual ha hecho el mismo
esfuerzo, sino más, por alcanzar la paz. En segundo lugar, porque el acuerdo
alcanzado ha sido rechazado por el
pueblo colombiano al ser sometido a referéndum. Rechazado, de dos formas, con una abstención del 60% y un no del 50,1%
al acuerdo de paz.
Un acuerdo de paz, si represente el fin de la guerra y el fin de las
causas que la provocaron, es siempre
motivo de alegría, el de Colombia si evoluciona en esa dirección, lógicamente, también
lo será, por el momento hay que esperar a ver si se cumple o no, pues es pronto
para saber si el acuerdo logrado por el presidente Santos es uno más de esos
muchos acuerdos políticos que se logran en nuestra época y que luego no se
cumplen, o si por el contrario, se
materializara realmente en algo concreto. El escritor colombiano Gabriel García
Márquez, autor de Cien Años de Soledad, recibió en 1982 el Premio Nobel de
Literatura, hoy, 34 años después, otro colombiano, el presidente Santos, recibió
el Nobel de la Paz por sus esfuerzos
para lograr que Colombia no sufra 100 años de guerra. Pero como todos sabemos,
en la realidad las cosas son más difíciles de logar que en la ficción. Es
posible que el acurdo logrado por Santos logre poner fin al conflicto armado
existente entre las FARC y el Gobierno de Colombia, pero la paz es algo más que
el fin de la lucha armada. En mi humilde opinión, de simple observador lejano y
ajeno al conflicto, la paz, la paz en
Colombia, tardara tiempo, tal vez no 100 años pero si décadas, pues los
principales problemas de Colombia son la pobreza y la desigualdad, la enorme
desigualdad que existe entre las elites dirigentes y el resto del pueblo,
problemas a los que no se observa que se les quiera dar una solución a corto
plazo, y sin justicia, difícilmente habrá
paz.
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