La exigencia de la Unión Europea (UE) a los Estados miembros de incrementar las capacidades militares y el gasto de Defensa ha devuelto el debate político español a principios de los 80 del pasado siglo, cuando se discutía sobre si España debía alinearse con la OTAN o no. En línea con el discurso que es emite desde la UE, hoy en el Congreso de los Diputados el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha justificado la necesidad de incrementar el gasto en defensa por tres razones: Compromisos con sus socios europeos, contraídos en el seno de la UE y OTAN; la amenaza del imperialismo ruso y el hasta ahora solo discurso del Gobierno de los Estados Unidos de desentenderse de la defensa de las democracias europeas, y digo solo discurso, porque por el momento la Administración Trump no ha cerrado ninguna de las bases militares estadounidenses en territorio europeo.
Seguramente, porque sabia que su discurso era seguido con mucha atención desde Bruselas, el presidente Sánchez se ha comprometido a incrementar el gasto de Defensa hasta el 2% del PIB antes de lo previsto, que era para el 2029, pero no ha concretado ni cuánto, ni en que plazos, ni como lo financiara y, lo que es lo más importante, para gastar en qué.